A la hora de comprar un coche pensamos en el motor, el espacio de la cajuela y qué tan chido se ve el sistema de sonido, pero casi nadie checa la tabla de colores en función del clima. Si vives en un lugar donde el sol no perdona, elegir mal el tono de tu vehículo puede convertir tus trayectos diarios en una completa pesadilla de sudor.
Según los datos duros compartidos por Uno TV, los autos oscuros absorben más radiación solar y tienden a calentarse de forma excesiva en comparación con los claros. El estudio del RACC dejó claro que el color de la pintura exterior influye de forma directa en los grados que se acumulan dentro del habitáculo cuando estás estacionado al aire libre.
Para que lo tengas superclaro, los colores que mejor resisten las altas temperaturas del sol y reflejan la radiación son el blanco, el plata, el gris claro y los tonos perlados. Del otro lado de la moneda, los que acumulan calor como si no hubiera un mañana son el negro, el azul marino, el gris oscuro y el verde botella; tonos que es mejor evitar si odias el bochorno.
Elegir un color del bando de los claros te da la ventaja de tener un coche hasta 20 grados más fresco que uno oscuro bajo las mismas condiciones de sol. Esto se traduce en que vas a sufrir menos al subirte, tus asientos no van a quemar y tu sistema de aire acondicionado no va a tener que trabajar horas extras para dejar el ambiente agradable.
Está claro que la pintura de tu auto no va a solucionar el problema del clima por completo, pero sí que marca una diferencia enorme en tu día a día. Si tu coche suele quedarse a la intemperie durante largas jornadas, irte por las tonalidades claras es la mejor inversión para asegurar tu confort y el de tus acompañantes todo el año.