La Copa del Mundo de 2026 promete ser una fiesta deportiva inolvidable para los aficionados, pero para los contadores y directores financieros de las 48 federaciones nacionales participantes, el evento representa un auténtico laberinto administrativo. Detrás de los atractivos premios económicos anunciados por la FIFA, las delegaciones deportivas tendrán que hacer frente a normativas fiscales muy estrictas que podrían reducir significativamente sus ganancias del torneo.
Como fue reportado a través de Imagen Radio, la FIFA registrará un ingreso histórico de 8,900 millones de dólares en 2026, lo que representa un espectacular aumento del 56% respecto a los ingresos comerciales obtenidos en la edición de Catar 2022. Sin embargo, este flujo multimillonario de divisas se concentrará de forma prioritaria en las cuentas bancarias de la organización central de fútbol, dejando a los equipos nacionales con un panorama financiero más complejo.
El principal foco de preocupación para los directivos radica en las leyes hacendarias de Estados Unidos y Canadá. Si las federaciones nacionales no logran concretar convenios especiales de exención tributaria con los gobiernos norteamericanos antes del inicio del campeonato, los premios en efectivo de 12.5 millones de dólares por participar y de hasta 50 millones para el ganador podrían sufrir retenciones de impuestos considerables.
A este reto fiscal se le suman los costos operativos derivados de una de las logísticas más complejas de los tiempos modernos, con 16 ciudades sede dispersas a lo largo de miles de kilómetros de territorio. Los vuelos charter privados, el hospedaje prolongado y los centros de entrenamiento de alta tecnología consumirán gran parte del presupuesto, obligando a los combinados a buscar un éxito deportivo prolongado para equilibrar la balanza comercial.
El análisis financiero de la industria deportiva proyecta que solo las ocho selecciones que consigan instalarse en la ronda de cuartos de final obtendrán ganancias económicas netas y reales una vez liquidados los gastos operativos y fiscales. Esta realidad pone en evidencia que el crecimiento en la facturación global de la FIFA no siempre garantiza la riqueza para todas las federaciones del balompié internacional.