La relación entre México y Estados Unidos atraviesa un momento de profundas sospechas mutuas. El anuncio de la revisión de los 53 consulados mexicanos por parte del Departamento de Estado es el capítulo más reciente de este choque de visiones. Mientras Washington ve con recelo la actividad de estas sedes, Ciudad de México las considera pilares de la asistencia a su diáspora y símbolos de su soberanía nacional en el extranjero.
De acuerdo con The New York Times en español, las tensiones han escalado debido a reportes que aseguran que los consulados mexicanos distribuyen libros de texto que desalientan la asimilación cultural. Estas críticas, provenientes de sectores conservadores, pintan a los consulados como centros de adoctrinamiento político, una acusación que la administración de Claudia Sheinbaum ha rechazado tajantemente en repetidas ocasiones.
La presidenta Sheinbaum ha sido clara al decir que México es respetuoso de la política interna de Estados Unidos. No obstante, ha mostrado su molestia por operaciones encubiertas de agencias estadounidenses en suelo mexicano, como el accidente donde fallecieron agentes de la CIA. Este clima de “ojo por ojo” diplomático parece estar influyendo en la decisión de Washington de poner bajo el microscopio a los consulados mexicanos.
Otro punto álgido es la negativa de Sheinbaum a proceder con la detención de un gobernador local acusado de colaborar con cárteles, argumentando que Estados Unidos no ha presentado evidencias suficientes. Para la administración Trump, esto se traduce en una falta de cooperación que justifica medidas de presión, como la posible reducción de la red consular mexicana en territorio estadounidense.
A pesar de estas fricciones, la retórica oficial de México sigue siendo conciliadora. Sheinbaum ha expresado que está segura de que ambos gobiernos lograrán llevarse bien, a pesar de que “algunas personas” quieran lo contrario. Esta postura busca evitar que la revisión de los consulados se convierta en una crisis mayor que afecte el comercio y la seguridad regional, temas donde ambos países dependen el uno del otro.
Por su parte, el Departamento de Estado se mantiene firme en su intención de revisar que la política exterior sea “consonante con la agenda del presidente”. Esta frase, repetida por sus portavoces, sugiere que la permanencia de un consulado mexicano podría depender ahora de qué tan bien se adapte a las exigencias de la Casa Blanca, más que de su función tradicional diplomática.