Durante la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, la Presidenta de México hizo un llamado a cultivar la generosidad y la fraternidad en lugar de la avaricia y la guerra. Propuso una transformación radical de las prioridades internacionales, sugiriendo que el 10 por ciento del gasto en armas se utilice para reforestar el mundo. Esta iniciativa pretende convertir recursos de muerte en recursos de vida para millones de personas.
La Presidenta también impulsó una declaración internacional en contra de la intervención militar en Cuba, enfatizando que la dignidad de los pueblos no está a la venta. Su postura fue clara: el respeto a la autodeterminación es esencial para una convivencia pacífica. Para México, la democracia real se manifiesta en la cooperación internacional y no en la imposición de fuerzas externas.
En su alocución, destacó que la democracia debe ser para el pueblo y no para las élites que concentran la riqueza. Abogó por un modelo donde la distribución equitativa sea el centro de la política económica. Citando a Benito Juárez, recordó que la paz y la justicia solo se alcanzan cuando el gobierno camina de la mano con la ciudadanía y sus necesidades más urgentes.
La mandataria aprovechó el foro para resaltar el papel de México como un pueblo luchador y creativo con raíces profundas en culturas originarias. Mencionó que la historia del país está forjada por héroes como Emiliano Zapata y Francisco I. Madero, cuyo legado continúa hoy en un gobierno que prioriza a los pobres. Esta identidad nacional es la que sustenta sus propuestas de paz en el escenario global.
Como cierre de su participación, invitó a los líderes presentes a celebrar la cumbre de 2027 en territorio mexicano. La intención es profundizar en la democratización del acceso a la cultura y la salud, buscando siempre la “procuración de la felicidad” de la gente. La delegación mexicana, encabezada por la Presidenta, dejó una huella de liderazgo humanista en la ciudad de Barcelona.